Las Notas Del GM Zenón Franco Ocampos – Partidas Memorables (82) Garry Kasparov vs. Ralf Akesson, Dortmund 1980.
La nota original fue publicada el día 3 de abril de 2012 en el diario ABC Color de Asunción.
La tercera medalla de oro de Kasparov en 1980 llegó con la obtención del título de campeón mundial juvenil, el campeonato se disputó en Dortmund, Alemania, del 16 de agosto al 1 de septiembre de 1980.
No era una meta especialmente complicada para la fuerza de Kasparov, que ya tenía más de 2.600 puntos de Elo, pero se ve que le pesaban los “fracasos” de 1976 y 1977 en los campeonatos mundiales sub-16.
En el libro “Garry Kasparov on Garry Kasparov. Part 1 1973-1985”, Kasparov dijo que por su empeño en jugar y “sacarse la espina”, tuvo la primera discusión seria con Botvinnik.
“El Maestro” se oponía categóricamente a que jugara, pues ser campeón mundial juvenil no añadiría nada a su palmarés.
Esto se vio reforzado cuando Kasparov notó que, al ver que iba a jugar, sus rivales mostraban una expresión que parecía significar: “¿Qué hace aquí?”
Tras la ceremonia de inauguración Kasparov estaba ansioso por comenzar a jugar, mientras que el entrenador enviado por la federación soviética, Anatoly Bykhovsky, buscaba con entusiasmo nuevas botellas de cerveza alemana, pues estaba asombrado de que hubiera más de 500 diferentes en la ciudad.
Kasparov citó nombres que ya entonces, o luego, fueron muy conocidos, como el islandés Jon Arnason, ganador del Mundial Cadete delante de Kasparov en 1977, el sueco Ralf Akesson, campeón europeo juvenil, el británico Nigel Short, el yugoeslavo Branko Damljanovic, el turco Suat Atalik, el búlgaro Silvio Danailov, (actual Presidente de la ECU, y representante de Veselin Topalov entre otras figuras), etc.
Las Notas Del GM Zenón Franco Ocampos – Partidas Memorables (81) Boris Spassky vs Aron Reshko, Leningrado 1959. La nota original fue publicada el día 27 de marzo de 2012 en el diario ABC Color de Asunción.
Hay una frase referida a alguien que, ignorándolo, va rumbo al desastre, se expresa algo así como: “Se está por rifar una trompada y no sabe que tiene todos los números”. Por lo que recordaremos hoy, creo que el lector compartirá mi impresión de que Boris Spassky, varias veces, tuvo todos los números de la rifa, salvo uno o dos, y fueron esos los que salieron cuando se sorteaban cosas más graves que un puñetazo. En 1955 Spassky fue el representante de la URSS para el Campeonato Mundial Juvenil disputado en Amberes, Bélgica; su entrenador, que originalmente iba a acompañarlo, era Alexander Tolush, pero Tolush se rompió una pierna, y quien lo acompañó fue Yuri Averbach, lo cual seguramente ya fue un hecho afortunado para Spassky. Averbach fue a Amberes por un camino, y Spassky por otro, junto a un tal Soloviev, descripto como un “Empleado del Comité de Deportes”. Con 18 años Spassky era muy hablador, “tal vez demasiado, podría decirse”, comentó Averbach en Centre-Stage and behind the scenes, los tres comían en casa de unos emigrantes rusos, en la mesa Spassky hablaba con total libertad de temas políticos entonces arriesgados, Soloviev escuchaba con atención.
Las Notas Del GM Zenón Franco Ocampos
Partidas Memorables (80) José Raúl Capablanca vs. Vladas Mikenas, Buenos Aires 1939
La nota original fue publicada el día 20 de marzo de 2012 en el diario ABC Color de Asunción.
La VIII Olimpiada de Ajedrez se disputó por primera vez fuera de Europa, se jugó en el Teatro Politeama de Buenos Aires, del 24 de agosto al 19 de septiembre de 1939.
El entonces llamado “Torneo de las Naciones” se jugó en dos fases, una preliminar con cuatro grupos, y dos finales, a la final A pasaron 16 equipos, los otros jugaron la final B.
Participaron 27 países, 133 jugadores en total, entre los que se encontraba el campeón del mundo Alexander Alekhine, representando a Francia, y su predecesor, el cubano José Raúl Capablanca.
En 1927, en la misma Buenos Aires, Alekhine había arrebatado el título mundial, de forma sorpresiva, a Capablanca.
¿Cómo recibió Buenos Aires a “su” campeón?, veamos lo que publicó El Grafico:
“Ahora que están en Buenos Aires los más grandes ajedrecistas, percibimos, con prístina nitidez, la diferencia de popularidad que existe entre cualquiera de ellos, aún de los nombres consagrados, y Capablanca. Los diarios le dedican los más gruesos titulares. La concurrencia apiñada alrededor de su partida cada noche, vive sus incidencias, sufre cuando se halla en posición difícil y exulta de alegría cuando gana. Buenos Aires no se ha enterado de que Capablanca ha perdido el Campeonato del Mundo, aunque lo haya perdido en nuestra ciudad. No se ha enterado porque no quiere enterarse; y esa es la razón por la que no se enterará jamás. Es como un terremoto cuya existencia no tolera polémica”.